Archive for February, 2009

As Forcadas Hydropower Plant

Sunday, February 15th, 2009
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La central o casa de máquinas tras la rehabilitación de 1987 (M. Lara, 1988)

A mediados del siglo XVIII más de veinte herrerías gallegas reducían el mineral de hierro para transformarlo en barras o lingotes que vendían después a mazos y forjas para su transformación en clavos, potes, sartenes, hoces, y diversas herramientas agrarias. La mayor parte de las herrerías se localizaban en O Courel, donde sus abundantes bosques proporcionaban la leña que una vez carbonizada se procesaba con el mineral férreo que aportaban las minas de Roquis y Formigueiros.

La parroquia de Santiago de Sere de las Somozas acogía cinco mazos hidráulicos y treinta y cuatro herreros. Según consta en el Catastro de Ensenada (1750-1754), en el llamado mazo de la Iglesia trabajaba un tal José Freire, cuyos descendientes acabaron por hacerse con aquel ingenio que emplearían durante tres generaciones para la fabricación de herramientas agrícolas que vendían después en las ferias.

El Machuco de la Iglesia, situado en el lugar del Mazo, en el río de la Iglesia, parroquia de Las Somozas, en el municipio del mismo nombre de la provincia de La Coruña, pertenece hasta 1840 a Bartolomé Freire, quien lo dejaría a su hijo José Freire, y éste a sus herederos. Esta forja hidráulica se completaría más adelante con una pequeña central hidroeléctrica para uso local.

A principios del siglo XX todavía Bartolomé Freire Echevarría trabajaba en el mazo y vendía sus productos por las ferias, acompañado por el mayor de sus diez hijos, Bartolomé Freire Lago. Este joven emprendedor, recién cumplidos los veinte años emigra en 1924 a Cuba, de donde regresa en 1931 para seguir trabajando en la herrería familiar. En 1933 instala en la margen derecha del río Jubia, en el municipio de Narón, un pequeño negocio en el que aprovecha y reelabora los recortes y restos de chapa de acero de la ferrolana Sociedad Española de Construcción Naval que vende después a los herreros de la zona para la elaboración de herramientas y aperos agrícolas.

Taller de laminación de Bartolomé Freire en Jubia (ca. 1938)_C

El primer taller de laminación de Bartolomé Freire en Jubia (ca. 1938)

La pequeña chatarrería y almacén de hierros crece y en 1937 Bartolomé Freire traslada su negocio a un solar cercano pero más amplio, situado entre la carretera de Castilla y la estación del ferrocarril que une Ferrol con Gijón. En este nuevo local se dedica también al estirado de tubos de acero usados y a la fabricación de remaches de unión de las chapas de acero.

Laminadores en Freire Hermanos (ca. 1950)_C

Laminadores en Freire Hermanos (ca. 1950)

En 1943 Bartolomé funda con sus hermanos José y Fernando la empresa “Freire Hermanos, S.L.”, que multiplica su actividad y empieza a elaborar a partir de chatarra en un recién adquirido tren de relaminado en caliente, perfiles aptos para la posterior fabricación de tornillos, tuercas, remaches y otros productos finales. Tras la inesperada muerte de José en 1948, Bartolomé incorpora a la empresa a otro de sus hermanos, Andrés, profesor mercantil. En 1949 la empresa, que contaba entonces con tres talleres (laminados; forja y trefilado de tubos y barras; y ajuste y mecanizado) que ocupaban a unos sesenta trabajadores, se transforma en sociedad anónima.

Almacenes Freire Hermanos (ca. 1963)_C

Almacenes Freire Hermanos (ca. 1963)

El continuado crecimiento del negocio hace que a partir de 1953 “Freire Hermanos” se ocupe exclusivamente del almacenamiento de hierros, creándose para la fabricación de tornillería y relaminación de hierros una nueva sociedad anónima, “Metalúrgica Galaica, S.A.” (MEGASA), que posteriormente se dedicará también a la fundición de acero en horno eléctrico para la elaboración de palanquilla o semielaborado de acero para laminación. El éxito de la pequeña acería naronesa propicia la adquisición en 1959 de una pequeña metalúrgica situada al fondo de la ría de Vigo, próxima a la desembocadura del río Verdugo, “Ferrerías de Arcade, S.A.”, que contaba con un horno eléctrico y con un tren de laminación de perfiles y chapas.

Megasa, segundo horno (1963)_C

Inauguración del segundo horno de MEGASA (1963)

El elevado consumo de electricidad del horno eléctrico naronés y la deficiente calidad del suministro eléctrico local hace que los hermanos Freire opten por la construcción de una central hidroeléctrica para su abastecimiento. El aprovechamiento hidráulico se desarrolló en el río de Las Forcadas, en el cercano municipio de Valdoviño, por concesión del 2 de junio de 1956 a favor de MEGASA de un caudal de 1.200 l/s con un salto de 136,5 m y una potencia instalada de 1.320 kW. La energía eléctrica generada en la central se transportaba directamente mediante una línea eléctrica aérea a las instalaciones de la empresa en Jubia.

Megasa, panorámica (1963)_C

Panorámica de MEGASA en 1963

La central hidroeléctrica de As Forcadas se conectaría posteriormente con la red eléctrica de “Fuerzas Eléctricas del Noroeste, S.A.” (FENOSA), cuando esta última empresa amplió sus instalaciones y puso en funcionamiento los saltos del Eume (septiembre de 1960) y de Belesar (septiembre de 1963).

La obra de toma de la central se localiza unas decenas de metros aguas abajo de la presa del embalse que abastece a Ferrol y comarca. Esta presa se construyó sobre el río de Las Forcadas en el lugar donde desemboca uno de sus afluentes, el río Donelle; el embalse contaba inicialmente con una capacidad de 8 Hm3 (se amplió hasta 11 Hm3 en 1980) y su puesta en servicio alteró de manera tan significativa la dinámica fluvial aguas abajo de la presa y las condiciones de funcionamiento y explotación de la central de MEGASA que la empresa clausuró la central hidroeléctrica de Las Forcadas en 1965; su producción media anual era entonces de unos 3.100 MWh.

Desde la obra de toma se desarrolla un canal de casi tres kilómetros de longitud, con un tramo intermedio de cerca de setecientos metros en túnel. El canal tiene una capacidad de dos mil litros por segundo y finaliza en la cámara de carga de la que arranca la tubería forzada que alimenta a las máquinas hidráulicas de la central, unos ciento treinta y siete metros más abajo, a la orilla izquierda del río de Las Forcadas.

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La tubería forzada vista desde la cámara de carga (M. Lara, 1988)

El edificio de la central eléctrica se encuentra en el lugar de Ferrerías (Valdoviño), muy cercano a la carretera Ferrol-Cedeira. Es de estructura rectangular, con una gran sala en la que se disponen los dos grupos turbina-alternador con la que está actualmente equipada. La empresa “Hidrospan, S.A.”, que puso de nuevo en funcionamiento la central en la década de 1980, tuvo la sensibilidad y el acierto de conservar en esta sala la primitiva turbina instalada en 1961.

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La tubería forzada y la casa de máquinas (M. Lara, 1988)

Sobre la sala principal se sitúa la vivienda del operador de la central, que después de la automatización se encuentra en desuso. En la fachada norte del edificio y formando parte de él se encuentra adosado el local que alberga las instalaciones eléctricas de control e interconexión con la red eléctrica general.

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La casa de máquinas vista desde la margen derecha del río Ferrerías (M. Lara, 1988)

La central devuelve las aguas al río de Las Forcadas en el ya citado lugar de Ferrerías, muy cerca de donde tiene lugar su desembocadura en el extremo izquierdo de la grande y hermosa playa de Villarube, en fondo de la encantadora ría de Cedeira.

Al amparo de la Ley de Conservación de la Energía se realizaron desde principios de la década de 1980 diversos estudios para la recuperación, rehabilitación y puesta en explotación de antiguas centrales hidroeléctricas abandonadas o fuera de servicio. Una de las centrales estudiadas fue la de Las Forcadas, también identificada como Ferrerías, cuya rehabilitación se acometía en 1985 por la ya citada empresa “Hidrospan, S.A.”, con financiación de la “Sociedad para el Desarrollo Industrial de Galicia” (SODIGA) y bajo la razón social “Hidroeléctrica del Forcadas, S.A.”.

Tras un cuidadoso estudio de las posibilidades de aprovechamiento de los caudales sobrantes del embalse de Las Forcadas, se optó por una dotación de 1 m3/s para un salto bruto de 137 m. Finalizadas las obras de rehabilitación de las instalaciones, el 9 de junio de 1987 se firmaba el acta de puesta en marcha de la vieja central, con 1.310 kW de potencia nominal y dos grupos turbina-alternador con un total de 1.967 kW instalados en una turbina Francis de 1.310 kW y una turbina Pelton de 657 kW. La producción registrada en el año 1999 fue de 6.489 MWh.

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Grupos turbina-alternador tras la rehabilitación. Al fondo, la turbina y el alternador de 1961 (M. Lara, 1988)

El 4 de diciembre de 1997 fallecía Bartolomé Freire Lago, conocido por sus próximos como Bartuco, quien sesenta y cuatro años antes iniciara una aventura empresarial de la que MEGASA, empresa de fundición puntera en España a la que se le otorgara la Medalla de Plata de Galicia en 1996, es sin duda su mayor éxito, y la Central Hidroeléctrica de Las Forcadas, o de Ferrerías, un modesto pero brillante complemento y ejemplo actualizado de las posibilidades de recuperación del patrimonio industrial.

Bibliografía:

Carmona Badía, X., 2009, “Bartolomé Freire Lago (1904-1997)”, Empresarios de Galicia, vol. 2, Xoán Carmona Badía (coord.), Centro de Investigación Económica e Financeira (CIEF) e Fundación Caixa Galicia, Coruña, p. 522-543. ISBN 978-84-96982-37-6.

Carmona Badía, J., y Nadal Oller, J., 2005, El empeño industrial de Galicia. 250 años de historia, 1750-2000, Fundación Pedro Barrié de la Maza, Coruña. ISBN 84-95892-38-3.

Fernández Negral, J., 1991, Forxas hidráulicas, mazos ou machucos no norte galego. Arquitectura, síntese histórica, e análise do artilugio mecánico, Cadernos do seminario de Sargadelos, Ediciós do Castro, O Castro, Sada, Coruña. ISBN 84-7492-533-9.

Minicentrales hidroeléctricas, 1989, Gestión Energética de Galicia, S.A. (GESTENGA), Consellería de Industria, Comercio e Turismo da Xunta de Galicia, Santiago de Compostela.

Prados de la Escosura, L., 1988, De imperio a nación: crecimiento y atraso económico en España (1780-1930), Alianza Editorial, Madrid. ISBN 84-206-2530-2.

Prados de la Escosura, L., 2003, El progreso económico de España (1850-2000), Fundación BBVA, Bilbao. ISBN 84-95163-80-2.

Respuestas Generales del Catastro del Marqués de la Ensenada, 1750-1754, 13.000 localidades en 545 vols. conservados en el Archivo General de Simancas, microfilmados en la década de 1980 y digitalizados en 2004 y 2005 con un total de 350.000 imágenes, Ministerio de Cultura del Gobierno de España, Madrid. [en línea]. Disponible en Internet: http://pares.mcu.es/Catastro [Último acceso 3 de agosto de 2009].

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Conjunto de turbina y alternador de 1961 (M. Lara, 1988)

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El alternador de 1961 con su excitatriz (M. Lara, 1988)

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La vieja turbina de 1961 (M. Lara, 1988)

San Mateo’s Windmill

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Molino de viento de San Mateo (M. Lara, 2008)

Construído quizais a finais do século XVIII polos comerciantes franceses que construíran tamén os muíños fluviais de Xuvia, Santa Ícia e Os Amenadás, e o de mar do Ponto, atópase no lugar coñecido como Muíño de Vento, na parroquia de San Mateu de Trasancos no Concello de Narón (A Coruña), e aparece xa citado contra 1845 no Dicionario de Pascual Madoz. Está incluído no conxunto da casa grande á que pertence, cercado por unha muralla xunto cun pombal, un hórreo, o pozo e a propia casa, ademais doutros elementos e construcións adxectivas.

Trátase de un muíño do tipo de torre fixa con cuberta xiratoria, construído enriba dunha plataforma de terra de uns seis metros de diámetro que levanta entre metro e medio e tres metros sobre o terreo circundante. A torre é cilíndrica, de fábrica de cachote con perpiaños nos vans, tomada con cal grosa e recebado do mesmo. Ten dúas portas enfrontadas e dispostas nas caras norte e sur, con dúas fiestras no primeiro andar, unha pequena ó mediodía e unha grande ó levante. O interior, cun diámetro de 3,80 m, vai dividido en altura cun andar. Os muros teñen un grosor de un metro e unha altura de uns sete metros.

Perdida a cuberta e maquinaria, as inspeccións dos restos levadas ó cabo parecen indicar que contaba cunha soa moa. Atópase en estado de semi abandono e o Concello negocia a súa adquisición con idea de restauralo.

Bibliografía:

Bas López, B., 1991, Muiños de marés e de vento en Galicia, Catalogación Arqueolóxica e Artística de Galicia do Museo de Pontevedra, Fundación Pedro Barrié de la Maza, A Coruña, p. 213-214. ISBN 84-87819-13-3.

Llano Cabado, P. de, 1983, Arquitectura popular en Galicia: a casa mariñeira, a casa das agras, a casa do viño, as construccións adxetivas, Introdución xeográfica de Augusto Pérez Alberti, Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia, Santiago de Compostela. ISBN 84-85665-08-2.

Llorca Freire, G., Pérez Alberti, A., y Romero Masiá, A.M., 1982, Camiños de Ferrolterra, Mancomunidade de Ferrol, Ferrol, p. 55-56. D.L. C-913-1983. ISBN 84-500-9056-3.

Lorenzo Fernández, X., 1962, “Etnografía: cultura material. Os oficios: O pan”, Historia de Galiza, Ramón Otero Pedrayo (dir.), Editorial Nós, Buenos Aires. Vol. II, p. 671-681. ISBN 84-9745-054-X.

Lorenzo Fernández, X., 1983, Os oficios, Biblioteca Básica da Cultura Galega, Editorial Galaxia, Vigo. p. 301-305. ISBN 84-7154-425-3.

Madoz, P., 1845-1850, Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, 16 vol., Madrid, tomo VIII-Ferrol.

Montero Aróstegui, J., 1858, Historia y descripción de la villa y departamento del Ferrol, reedición de 1972 titulada “Historia de El Ferrol del Caudillo”, Gersán, Ferrol.

Soraluce Blond, J.R., y Fernández Fernández, X. (directores), 1999, Arquitecturas da provincia da Coruña: Ares, Fene, Mugardos, Narón e Neda, Deputación Provincial da Coruña, Coruña, p. 194-195. ISBN 84-95335-07-7.

Xuvia’s Mill

 

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El molino de Jubia desde el puente

Singular y emblemático conjunto de dos molinos con un total de cuatro ruedas, localizados en Xuvia (Narón, Coruña) situados en la margen derecha de la desembocadura del río Jubia en la ría de Ferrol, construidos en 1775 por los empresarios franceses D. Juan Lestache y D. Francisco Bucau.

La molienda anual se evalúa en “70.000 fanegas de trigo, la mitad de harina flor y la otra de segunda suerte” (unos tres millones ochocientos ochenta y cinco mil litros, con un peso aproximado de tres millones veintisiete mil quinientos quilogramos). Tiene la fábrica para su auxilio cinco limpiaderas que arrojan el polvo y separan el centeno, avena y piedra, con lo que salen el trigo limpio por un lado, y la inmundicia por otro, “de lo que resulta la blancura del pan”.

El alto rendimiento productivo de esta industria permitió que pudiera abastecerse de harina Ferrol y comarca, incluyendo “la tropa, presidiarios, oficialidad de mar y tierra, y los muchos operarios y jornaleros de todas las clases empleados en la construcción, carenas y armamentos de los buques de Su Majestad, que se consideran exceden ya de treinta mil personas”, y exportarse importantes excedentes. Para remitir harinas a América y otras partes, se construyen dos mil barriles al año, de siete arrobas y media cada uno (lo que totaliza 172.500 kg de harina anuales).

Para abastecerse del trigo necesario, además de las remesas cerealistas llegadas de Bayona, Burdeos, Londres, Amsterdam, Hamburgo y San Petersburgo, Lestache forma sociedad mercantil con los hermanos Santiago y Dionisio Beaujardin para allegar granos de Filadelfia. Junto con la preferente importación de cereal, Lestache comercializa también: cueros de Argentina; azúcar de Cuba; palo campeche (colorante) de Méjico; vinos de Francia; bacalao de Noruega y Terranova; lino y cáñamo de Rusia. En 1789 D. Juan Lestache, “de nación francés y vecino del Puente de Jubia, en el Reino de Galicia”, se naturaliza como súbdito español, obteniendo de Carlos III el privilegio de poder comerciar libremente con “todos los dominios de Su Majestad, así de España como de América”.

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O muíño da ponte de Xuvia

En 1791 se concede Real Permiso para extraer de Castilla unas cincuenta mil fanegas de trigo y embarcarlas con destino a Ferrol desde los puertos de cantábricos de Santander y La Requejada, en razón del menor coste con respecto al transporte efectuado por tierra.

El 2 de mayo de 1802 Juan Lestache fallece en Ferrol, a donde se había trasladado “mirándose atrasado en la salud y con ánimo de mejorar”, y es sepultado en la iglesia parroquial de San Julián.

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La casa habitación de D. Juan Lestache

El conjunto molinero del puente de Jubia, tras muchos años de abandono se encuentra en pie de puro milagro. Ha perdido ya la techumbre y el piso, y de no proceder cuanto antes a una intervención de limpieza y consolidación, es de temer su total ruina.

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Almacenes y casa habitación del molino de Jubia

Fotografías de Manuel Lara Coira (septiembre 2008 y enero 2009)

Bibliografía:

Llano Cabado, P. de, 1983, Arquitectura popular en Galicia: a casa mariñeira, a casa das agras, a casa do viño, as construccións adxetivas, Introdución xeográfica de Augusto Pérez Alberti, Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia, Santiago de Compostela. ISBN 84-85665-08-2.

Lorenzo Fernández, X., 1962, “Etnografía: cultura material. Os oficios: O pan”, Historia de Galiza, Ramón Otero Pedrayo (dir.), Editorial Nós, Buenos Aires. Vol. II, p. 671-681. ISBN 84-9745-054-X.

Lorenzo Fernández, X., 1983, Os oficios, Biblioteca Básica da Cultura Galega, Editorial Galaxia, Vigo. p. 301-305. ISBN 84-7154-425-3.

Meijide Pardo, A., 1997, “El empresarismo industrial del negociante francés J. Lestache en el Ferrol del siglo XVIII”, Anuario Brigantino, nº 20, p. 35-50, Betanzos. ISSN 1130-7625.

Pena Graña, A., 2007, Industriais e Reais Fábricas de Narón en Tempos da Ilustración, Epílogo de José María Cardesín Díaz, Concello de Narón, Equona Deseño Editorial, Narón, Coruña. ISBN 978-84-920185-81.

Urgorri Casado, F., 1986, “Los molinos de Bermúdez en Puente Lambre y la molinería en Ferrol y Betanzos en los siglos XVIII y XIX”, Untia. Boletín do Seminario de Estudios Mariñáns, vol. II, pp. 153-183, Betanzos.

O’Ponto Tide Mill

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El molino de Las Aceñas (M. Lara, 1979)

Santiago Beaujardin, “de nación francés” y a la sazón vicecónsul de Francia en la villa de Ferrol, obtenía el 10 de octubre de 1785 licencia del Intendente General de la Marina para la construcción de una fábrica de harinas en las Aceñas del Ponto, en el estero del río Freixeiro y en las cercanías de unas vetustas salinas de origen romano. Poco tiempo después recibía también licencia del prior del monasterio de San Martín de Jubia para edificar en el lugar de Outeiro “almacén, casa, huerta y más edificios que se le acomoden”. Por último, José María Bermúdez, “señor de Jubia, sus puertos y salinas”, señor juridiscional de Jubia y regidor perpetuo de la villa de Ferrol concedía el permiso para las obras.

Con las obras ya avanzadas y funcionando a pleno rendimiento dos de los tres molinos proyectados, el 12 de septiembre de 1791 Santiago Beaujardin se asocia con su compatriota Juan Lembeye, notable comerciante acomodado en la villa de Ferrol desde 1762, comisionado de abastecimiento de los Reales Arsenales y director de la Real Compañía Marítima, entre otros importantes cargos. En 1796 Beaujardin y Lembeye deciden disolver su sociedad, quedando este último como único propietario de las Aceñas del Ponto.

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La presa y el molino vistos desde la orilla de El Ponto (M. Lara, 1988)

Este molino de mareas, el mayor de los existentes en Galicia y hasta no ha mucho uno de los mejor conservados, se construyó en el emplazamiento de unos antiguos molinos de rueda vertical (de ahí el nombre de “las grandes aceñas nombradas de Lembeye, en la parroquia de San Martín de Jubia”), y era accesible desde el mar en embarcaciones de pequeño calado.

Con sus tres molinos, artefactos, almacenes y armadijos, contaba con una capacidad de molienda de unas veinticinco mil fanegas de trigo al año (un millón trescientos ochenta y siete mil quinientos litros, con un peso aproximado de un millón ochenta y un mil doscientos cincuenta kilogramos), y al igual que los demás molinos de la comarca suplían la fuerte demanda de una población en incesante crecimiento desde que en 1750 Ferrol acogiese los más importantes astilleros del Estado.

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La presa vista desde la puerta del molino, con la marea llena (M. Lara, 1988)

El abastecimiento del trigo necesario estaba garantizado por la sociedad mercantil creada por Santiago Beaujardin, su hermano Dionisio y el empresario Juan Lestache, también francés, para allegar granos de Filadelfia, además de las habituales remesas cerealistas llegadas a Ferrol desde los puertos de Bayona, Burdeos, Londres, Amsterdam, Hamburgo y San Petersburgo.

En el marco de la política económica del momento, las Aceñas del Ponto recibieron el título de Reales Fábricas concedido por Carlos IV el 11 de junio de 1798 en Aranjuez. La Real Cédula permitía gozar de exenciones de aranceles y de libre comercio con América, autorizaba a hacer provisión de trigo en otras regiones y a cortar madera para dovelas de los barriles de harina de los bosques entonces incautados por la Marina para la construcción naval.

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El molino de Las Aceñas en bajamar (M. Lara, 2008)

Con los quebrantos sufridos por la red de molinería industrial de los franceses, cuando salía más barato traer al puerto de Ferrol las sacas de harina ya elaborada desde Santander, Bilbao y San Sebastián, las Aceñas del Ponto cayeron en el abandono, y Juan Lembeye murió en 1823, empeñado y con sus molinos hipotecados.

La propiedad pasó a manos de Juan Prevarte, y de éste a María Josefa Lembeye y a su marido Manuel José Ciaran. En 1860 los herederos de Ciaran vendieron los molinos a la sociedad formada por Nicolás Fernández y José Rodríguez, quienes aprovecharon la brillante recuperación de la molinería en la comarca habida a partir de 1849 por unas especiales regulaciones municipales y por la favorable coyuntura del aumento de la demanda de cereal tanto en Europa –en razón de la Guerra de Crimea (1854-55)– como en la comarca trasanquesa por un nuevo apogeo de la construcción naval ferrolana durante el estable y próspero quinquenio de gobierno (1858-1863) de la Unión Liberal fundada y dirigida por Leopoldo O’Donnell.

Sin embargo, con el paso de los años y pese a sus intentos de adaptación a los nuevos tiempos y su tenaz resistencia a la desaparición, la evolución técnica y mercantil envejeció irremediablemente a estas instalaciones, que fueron finalmente cerrando sus puertas hacia finales de la década de 1960, incapaces ya de sobrevivir en una economía tendente al gigantismo y a la uniformidad, una economía que menosprecia el trabajo de dimensiones humanas, hecho con gusto y con orgullosa sabiduría artesana.

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El molino visto desde el puente de las compuertas (M. Lara, 2008)

Bibliografía:

Bas López, B., 1991, Muiños de marés e de vento en Galicia, Catalogación Arqueolóxica e Artística de Galicia do Museo de Pontevedra, Fundación Pedro Barrié de la Maza, A Coruña, España. ISBN 84-87819-13-3.

Llano Cabado, P. de, 1983, Arquitectura popular en Galicia: a casa mariñeira, a casa das agras, a casa do viño, as construccións adxetivas, Introdución xeográfica de Augusto Pérez Alberti, Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia, Santiago de Compostela. ISBN 84-85665-08-2.

Lorenzo Fernández, X., 1962, “Etnografía: cultura material. Os oficios: O pan”, Historia de Galiza, Ramón Otero Pedrayo (dir.), Editorial Nós, Buenos Aires. Vol. II, p. 671-681. ISBN 84-9745-054-X.

Lorenzo Fernández, X., 1983, Os oficios, Biblioteca Básica da Cultura Galega, Editorial Galaxia, Vigo. p. 301-305. ISBN 84-7154-425-3.

Montero Aróstegui, J., 1858, Historia y descripción de la villa y departamento del Ferrol, reedición de 1972 con el título de “Historia de El Ferrol del Caudillo”, Gersán, Ferrol, p. 407.

Pena Graña, A., 2007, Industriais e Reais Fábricas de Narón en Tempos da Ilustración, Epílogo de José María Cardesín Díaz, Concello de Narón, Equona Deseño Editorial, Narón, Coruña. ISBN 978-84-920185-81.

Urgorri Casado, F., 1986, “Los molinos de Bermúdez en Puente Lambre y la molinería en Ferrol y Betanzos en los siglos XVIII y XIX”, Untia. Boletín do Seminario de Estudios Mariñáns, vol. II, pp. 153-183, Betanzos.

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Las Aceñas del Ponto en pleamar (1963)

Windmill in Catoira

Sunday, February 8th, 2009

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Vista desde el sur

De tódolos muíños de vento que se localizan en Catoira (Pontevedra), o do monte Mesón, na parroquia de San Mamede de Abalo, é dos que mellor se conservaron, ó atender o seu propietario as eventuais tarefas de mantemento, como renovación da cuberta ou reparación de pezas.

Debeu ser construído arredor do ano 1860, sendo dos máis antigos construídos na parroquia de Abalo, pero se carece de máis datos hasta que en 1937 o adquirira don Benigno Maneiro, quen despois de algunhas reformas o dedicara a moer para os veciños ata a década de 1960, moendo esporadicamente para a casa do dono ata 1970.

Trátase de un muíño moi pouco evolucionado do tipo de torre fixa con cuberta tamén fixa, asentado directamente sobre o terreo, sen plataforma algunha.

A torre é cilíndrica, de 3.10 m de diámetro interior e máxima altura de muros de 2.80 m. As paredes son de cachotes con rachas, de un grosor máximo de oitenta centímetros, cun só perpiaño no lintel da porta, que é o único van disposto. A cuberta é a dúas augas, de tella do país. No solado preparouse un sinxelo piso (o tremiñado) feito de pedras irregulares baixo o que se dispón o sistema de regulación do muíño (a mesa).

Ó carecer de sistema de orientación das aspas cara ó vento, os elementos mecánicos do muíño son ben simples. O eixo horizontal (a viga) atravesa diametralmente os muros da torre, a 1.60 m sobre o solado, apoiando sobre unhas pezas de madeira (os zoquetes) que fan de buxas. O eixe ten a orientación do nordeste ó suroeste, que é a dos ventos dominantes no emprazamento.

Xa no exterior do muíño e en ambos os dous extremos do eixe, catro varas (os vareiros) o cruzan, unidos de a dous por outras varas (os travesos) nas que se colocan as aspas (os abanos); neste muíño os abanos consisten nunhas táboas unidas entre sí formando unhas pezas rectangulares de aproximadamente un metro cincuenta de largo por medio metro de ancho.

O eixo soporta no interior un engrenaxe vertical de un metro de diámetro (a roda) construído á maneira das rodas dos carros do país, que dispón na súa periferia de trinta e seis dentes de madeira suxeitos cun aro ou cintón de ferro que rodea á roda. Os dentes enlazan na parte inferior da roda cun engrenaxe vertical de tipo lanterna (o piñón), con oito pezas de engrene. Estes dous engrenaxes (os engranes) converten o xiro horizontal das aspas nun xiro vertical que se transmite por un eixo vertical de ferro de sección cadrada (a vara) ó sistema de trituración do muíño.

O sistema de trituración é o convencional formado por dúas pedras cilíndricas, unha moa inferior fixa o piso (o pé) e unha moa superior (a capa) que xira sobre a primeira. Ámbalas dúas moas teñen un buraco no seu centro, polo que pasa o eixo para pousar baixo o piso (o tremiñado) nunha viga (a mesa) articulada na parede por un extremo e que permite subir e baixar o outro extremo (a cruz) axustando a altura da moa xiratoria sobre a fixa para regular a finura da moenda (o tempero do muíño).

Para frear e parar ó muíño xúntanse facendo virar un parafuso dúas madeiras que abrazan o eixo horizontal.

Bibliografía:

Bas López, B., 1991, Muiños de marés e de vento en Galicia, Catalogación Arqueolóxica e Artística de Galicia do Museo de Pontevedra, Fundación Pedro Barrié de la Maza, A Coruña, p. 213-214. ISBN 84-87819-13-3.

Llano Cabado, P. de, 1983, Arquitectura popular en Galicia: a casa mariñeira, a casa das agras, a casa do viño, as construccións adxetivas, Introdución xeográfica de Augusto Pérez Alberti, Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia, Santiago de Compostela. ISBN 84-85665-08-2.

Lorenzo Fernández, X., 1962, “Etnografía: cultura material. Os oficios: O pan”, Historia de Galiza, Ramón Otero Pedrayo (dir.), Editorial Nós, Buenos Aires. Vol. II, p. 671-681. ISBN 84-9745-054-X.

Lorenzo Fernández, X., 1983, Os oficios, Biblioteca Básica da Cultura Galega, Editorial Galaxia, Vigo. p. 301-305. ISBN 84-7154-425-3.

A’Seca Tide Mill

Saturday, February 7th, 2009
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O muíño de mar de A Seca (M. Lara, 1988)

O muíño de A Seca atópase no lugar do mesmo nome, no saco formado entre as puntas de Tragove e Fefiñáns da enseada de Cambados, na banda pontevedresa da ría de Arousa. Pertence á parroquia de San Mamede de Corbillón, concello de Cambados, provincia de Pontevedra.

Xa o nome de A Seca fai referencia á grande extensión de terreo que queda en seca na baixamar, co único aporte hídrico dun pequeno regato no que se ven os restos dun muíño, terreo amplo e de escaso fondo que fora xa aproveitado na antigüidade para o beneficio do sal.

O muíño de A Seca foi construído sobre unha vella salina por o mestre canteiro coruñés Francisco Grie, por encargo de Gonzalo Valladares y Sarmiento, segundo consta en documento de 1622. O muíño pertenceu ós señores de Fefiñáns ata ben entrado o século XIX. Contra 1972, despois de trescentos cincuenta anos de traballo servindo a unha ampla comarca do Salnés, deixara de funcionar por decisión dos propietarios dado o seu minguado uso pola progresiva mecanización do traballo agrícola.

A presa do muíño ten uns cincuenta e un metros de lonxitude, con anchos de 1,9 a 2,6 m. Sirve de camiño de enlace con la banda de Fefiñáns e esta construído con grandes sillares pola parte da mar, e con cachotes pola parte interior. Leva un peitoril de medio metro de altura pola dita parte do mar e conta con seis aberturas (unha cegada) de arredor de dous metros de ancho e un trinta de alto agrupadas de a dous para a entrada da auga á presa ó encher o mar.

Dispoñían de comportas de madeira articuladas na parte superior cun ferro ó xeito de bisagra e con apertura cara ó interior da presa; desta maneira permitían a entrada da auga co abalo da marea, e pechábanse co peso e a forza da auga no devalo do mar, obrigando á saída da auga polos canles que a levan ós rodicios do muíño.

O edificio do muíño érguese na estrema noroeste da presa, e accédese ben por riba da presa dende a banda de Fefiñáns ben dende a aldea de Riveiro pola marxe dereita do encoro. Os muros do edificio están construídos con cachotes concertados de pedra de gra, recebados nas xuntas cun encintado ben realizado. A cuberta construíuse a unha sola auga, co cumio mirando cara ó mar; o seu armazón era de trabes de madeira que descansaban nos muros laterais e no muro interior de carga; enriba das trabes dispúñanse os cangos no sentido da pendente, cangos que portaban o conxunto de latas sobre as que se pousaran as tellas.

O muíño ten catro plantas: o soto, o tremiñado, a vivenda e o sobrado. O soto, tamén chamado sartén ou inferno, alberga os mecanismos de rotación e regulación dos catro muíños (comportas, canelas, rodicios, varas, accesorios e mesas); atópase situado por baixo do nivel da auga na presa e ábrese cara o mar por medio de dous grandes arcos, coa protección exterior a eles de un muro de pedra con seis aberturas cara ó mar protexidas cun enramado de polas por impedir a entrada de algas no sartén.

A planta primeira ou tremiñado acolle os mecanismos da moenda, consistentes aquí en catro muíños ou rodas situadas en dous espazos divididos polo muro de carga que cruza transversalmente ó edificio; cada muíño consta de dúas pedras cilíndricas, unha fixa ó chan (o pé) e a outra que xira sobre ela (a capa) accionada polo eixo unido á vara do rodicio. Tres das pedras son das chamadas do país, feitas de pedra de gra dunha canteira de Baión para a moenda do millo e do centeo; a cuarta e unha pedra albeira para o mundo do trigo e viñera de Portugal. Accédese a esta planta por unha porta na fachada sueste, sobre o muro da presa, ou pola situada na fachada noroeste, baixo do acceso á vivenda.

Na terceira planta localízase a vivenda, con dous cuartos, sala, cociña e almacén. E sobre dela, baixo a cuberta, un sobrado ben ventilado por catro ventás e que fora empregado como dormitorio.

O embalse queda configurado por unha superficie de uns cincuenta e seis mil metros cadrados (noventa ferrados) cun fondo medio de metro e medio a dous metros, cunha capacidade de máis de oitenta mil metros cúbicos. Moíase durante as secas (baixamar) en dúas moendas diarias (unha de noite e outra de día); cada moenda duraba unha media de unhas tres horas, cunha produción de uns douscentos quilogramos de fariña por muíño, coa excepción do mes do Apóstolo (xullo) no que as mareas máis baixas do ano baleiraban o encoro de catro a oito días. As mellores moendas tiñan lugar nos meses das vendimas (setembro) e de Ramos (abril), cando as mareas vivas fan subir a auga case o borde da presa, dándolle máis forza os muíños e durante máis tempo, aumentando así a súa produtividade.

Bibliografía:

Bas López, B., 1991, Muiños de marés e de vento en Galicia, Catalogación Arqueolóxica e Artística de Galicia do Museo de Pontevedra, Fundación Pedro Barrié de la Maza, A Coruña, España. ISBN 84-87819-13-3.

Llano Cabado, P. de, 1980, “O muiño de mar de A Seca”, Obradoiro. Revista de Arquitectura, Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia, Santiago de Compostela. DL VG-50-1980. ISSN 021-6065.

Llano Cabado, P. de, 1983, Arquitectura popular en Galicia: a casa mariñeira, a casa das agras, a casa do viño, as construccións adxetivas, Introdución xeográfica de Augusto Pérez Alberti, Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia, Santiago de Compostela. ISBN 84-85665-08-2.

Lorenzo Fernández, X., 1962, “Etnografía: cultura material. Os oficios: O pan”, Historia de Galiza, Ramón Otero Pedrayo (dir.), Editorial Nós, Buenos Aires. Vol. II, p. 671-681. ISBN 84-9745-054-X.

Lorenzo Fernández, X., 1983, Os oficios, Biblioteca Básica da Cultura Galega, Editorial Galaxia, Vigo. p. 301-305. ISBN 84-7154-425-3.

Buxa incorporates to the web!

Friday, February 6th, 2009

“Hard work spells success” and  Buxa, The Galician Association for the Industrial Heritage, is at the web yet! With steady pace we will progress improving the knowledge, the protection, the dissemination and the understanding of the industrial heritage in Galicia.

Pencil Manufactures at Ferrol

Tuesday, February 3rd, 2009
Fachada principal

Fachada principal (M. Lara, 2008)

Corría el año de 1934 cuando el ferrolano Alberto Fernández Martín, un representante de material de escritorio que había observado los notables beneficios que generaba la venta de lápices y plumillas, decide crear una fábrica de lápices. Y en el mes de agosto, asociado con Benito Alvariño Grimaldos, Eusebio Pérez del Hierro, Esteban Ramil Fernández, Luis de la Muela Fernández, y Antonio Veiga López, también comerciantes y vecinos de Ferrol, y José de Andrés Vázquez, maquinista retirado y vecino de Santa Eulalia de Moeche, constituye la empresa “Hispania Fábrica de Lápices Sociedad Limitada”, que se estableció en dos pabellones del ferrolano muelle de Concepción Arenal.

Imagen publicitaria de la primera fábrica (hacia 1950)

Imagen publicitaria de la primera fábrica (hacia 1950)

En noviembre de 1934 se inauguraba la fábrica de lápices “Hispania, S.L.”, que bajo la gerencia de Alberto Fernández y con el técnico alemán Johann Sindel como jefe de taller, llegó a producir en poco tiempo hasta 36.000 lápices al día.

Ante la buena marcha del negocio y necesitados de más espacio, en 1938, en plena guerra civil, los socios de Hispania presentaban en el ayuntamiento de Ferrol el proyecto de edificación de una nueva fábrica de lápices, firmado por el arquitecto Nemesio López Rodríguez. El proyecto se planteaba tras el Baluarte de San Juan, en lo alto de Ferrol Viejo, en una finca de la calle de Baterías adquirida a la familia Togores, finca en la que todavía existía un viejo pabellón que había servido de almacén de vinos, maderas y otras mercaderías bajo la razón “Viuda de Antonio Togores”.

Plano del emplazamiento, 1940 (Archivo Municipal de Ferrol)

Plano del emplazamiento, 1940 (Archivo Municipal de Ferrol)

El arquitecto propuso para el edificio un sencillo diseño, con la tipología típica del racionalismo industrial, aunque incorporaba algunos elementos que recordaban al Art Decó con detalles expresionistas propios de la década de 1930; quizá por ello se atribuyese a veces el proyecto al vigués Rodolfo Ucha Piñeiro, arquitecto municipal de Ferrol hasta 1936, aunque hubo también quien se lo atribuyó a Vicente García Lastra.

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La fábrica de lápices en 1940

En 1940 las viejas instalaciones del muelle de Concepción Arenal se trasladaban al nuevo emplazamiento de la calle de Baterías y la nueva fábrica se convertía en la primera de España, con una producción diaria de unas 180.000 unidades de lápices Johann Sindel, y un total anual del orden de cincuenta millones de lápices.

La nueva fábrica (ca. 1940)

La nueva fábrica de lápices (ca. 1940)

Además de los exitosos lápices Johann Sindel y de las plumillas de acero, se elaboraban también lápices de carpintero, lápices de colores, lápices dermatológicos, bolígrafos, rotuladores, ceras de colores, barras de grafito para marcar, botones, peines de caucho… y ¡armónicas! Tal crecimiento obligó a ganar espacio, por lo que en 1951 se trasladaba la sección de carpintería a un local de la cercana calle de Espartero.

La fábrica de lápices Hispania alcanzó su apogeo a finales de la década de 1950 y principios de la de 1960, cuando llegó a contar con más de cuatrocientos empleados –en su mayoría mujeres– y fabricaba una amplia gama de productos de escritorio.

Tras las serias advertencias sobre la insostenibilidad de la situación económica española contenidas en el informe elaborado por la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE), el gobierno de España aprobaba el 6 de marzo de 1959 el Plan Nacional de Estabilización Económica, que suponía la ruptura con la política de autarquía hasta entonces promovida por el franquismo y hacía así posible el despegue de la economía española.

Las medidas liberalizadores que complementaban la política de austeridad supusieron para numerosas industrias el principio del fin. La internacionalización de los mercados evidenció la falta de competitividad de muchas industrias españolas, necesitadas de fuertes inversiones para llevar a cabo una total renovación tecnológica de sus instalaciones fabriles. La consiguiente pérdida de mercado fue acelerada no pocas veces por importaciones de productos competidores subvencionadas por el gobierno, productos que desplazaban a los existentes y se adueñaban prontamente de los mercados nacionales. En este caso fueron los lápices y otro material de escritorio procedente de China, Taiwan y Checoslovaquia quienes ahogaron a la fábrica de lápices ferrolana.

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Portal para la entrada y la salida de las mercancías (M. Lara, 2008)

Las escasas perspectivas de recuperación de los mercados perdidos hicieron desistir a los socios de Hispania de las fuertes inversiones que se necesitaban y, tras llegar a un acuerdo con los trabajadores en el año 1966, optaron por sostener la fábrica en condiciones de explotación hasta la jubilación de la plantilla, prevista entonces para 1981, quince años más tarde.

Todavía resistió la empresa cinco años más tras vencer el límite inicialmente previsto. Finalmente, el 30 de octubre de 1986 la junta extraordinaria de la sociedad acordaba su disolución y liquidación.

Vendida la fábrica y abandonadas a su suerte sus instalaciones, se promueve en su solar la construcción de un grupo de viviendas, frente a una oposición que preferiría su conservación y conversión a nuevos usos públicos que revertiesen en beneficio de la comunidad.

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Se inicia el abandono... (Manuel Vilariño, 1992)

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...y llega la ruina (Enrique Fidel, 2008)

Bibliografía:

Alonso Álvarez, L., Lindoso Tato, E., y Vilar Rodríguez, M., 2008, Construyendo empresas: la trayectoria de los emprendedores coruñeses en perspectiva histórica, 1717-2006, 2 vol., Confederación de Empresarios de La Coruña (CEC), Vigo, p. 242-259. D.L. VG-1476-2008.

Carmona Badía, J., y Nadal Oller, J., 2005, El empeño industrial de Galicia. 250 años de historia, 1750-2000, Fundación Pedro Barrié de la Maza, Coruña. ISBN 84-95892-38-3.

Ferrol Vello (II): la “Fábrica de Lápices Hispania”, publicado en Urban Idade, memorias de las redes urbanas, blog de Enrique Fidel, 19 de julio del 2008 [en línea]. Disponible en Internet: http://urbancidades.wordpress.com/2008/07/19/ferrol-vello-ii-la-fabrica-de-lapices-hispania/ [Último acceso 24 de agosto del 2009].

Llorca Freire, G., 2008, Ferrol: memoria da vida cotiá, Ediciones de la Librería del Campus, Ferrol. ISBN 84-921363-5-9.

La Voz de Galicia, 2005, “La vetusta y abandonada fábrica de lápices, en la parcela Hispania, será historia a finales de año…”, La Voz de Galicia, ed. Ferrol, 28 de mayo.

La Voz de Galicia, 2007, “El Ayuntamiento ha paralizado cualquier intervención urbanística en la antigua fábrica de lápices Hispania…”, La Voz de Galicia, ed. Ferrol, 26 de agosto.

La Voz de Galicia, 2009, “Son todos los que están, pero no están todos los que son…”, La Voz de Galicia, 31 de marzo.

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La marca de fábrica en la protección de las escaleras (GalicianDreamer, 2008)