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El molino de Las Aceñas (M. Lara, 1979)

Santiago Beaujardin, “de nación francés” y a la sazón vicecónsul de Francia en la villa de Ferrol, obtenía el 10 de octubre de 1785 licencia del Intendente General de la Marina para la construcción de una fábrica de harinas en las Aceñas del Ponto, en el estero del río Freixeiro y en las cercanías de unas vetustas salinas de origen romano. Poco tiempo después recibía también licencia del prior del monasterio de San Martín de Jubia para edificar en el lugar de Outeiro “almacén, casa, huerta y más edificios que se le acomoden”. Por último, José María Bermúdez, “señor de Jubia, sus puertos y salinas”, señor juridiscional de Jubia y regidor perpetuo de la villa de Ferrol concedía el permiso para las obras.

Con las obras ya avanzadas y funcionando a pleno rendimiento dos de los tres molinos proyectados, el 12 de septiembre de 1791 Santiago Beaujardin se asocia con su compatriota Juan Lembeye, notable comerciante acomodado en la villa de Ferrol desde 1762, comisionado de abastecimiento de los Reales Arsenales y director de la Real Compañía Marítima, entre otros importantes cargos. En 1796 Beaujardin y Lembeye deciden disolver su sociedad, quedando este último como único propietario de las Aceñas del Ponto.

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La presa y el molino vistos desde la orilla de El Ponto (M. Lara, 1988)

Este molino de mareas, el mayor de los existentes en Galicia y hasta no ha mucho uno de los mejor conservados, se construyó en el emplazamiento de unos antiguos molinos de rueda vertical (de ahí el nombre de “las grandes aceñas nombradas de Lembeye, en la parroquia de San Martín de Jubia”), y era accesible desde el mar en embarcaciones de pequeño calado.

Con sus tres molinos, artefactos, almacenes y armadijos, contaba con una capacidad de molienda de unas veinticinco mil fanegas de trigo al año (un millón trescientos ochenta y siete mil quinientos litros, con un peso aproximado de un millón ochenta y un mil doscientos cincuenta kilogramos), y al igual que los demás molinos de la comarca suplían la fuerte demanda de una población en incesante crecimiento desde que en 1750 Ferrol acogiese los más importantes astilleros del Estado.

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La presa vista desde la puerta del molino, con la marea llena (M. Lara, 1988)

El abastecimiento del trigo necesario estaba garantizado por la sociedad mercantil creada por Santiago Beaujardin, su hermano Dionisio y el empresario Juan Lestache, también francés, para allegar granos de Filadelfia, además de las habituales remesas cerealistas llegadas a Ferrol desde los puertos de Bayona, Burdeos, Londres, Amsterdam, Hamburgo y San Petersburgo.

En el marco de la política económica del momento, las Aceñas del Ponto recibieron el título de Reales Fábricas concedido por Carlos IV el 11 de junio de 1798 en Aranjuez. La Real Cédula permitía gozar de exenciones de aranceles y de libre comercio con América, autorizaba a hacer provisión de trigo en otras regiones y a cortar madera para dovelas de los barriles de harina de los bosques entonces incautados por la Marina para la construcción naval.

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El molino de Las Aceñas en bajamar (M. Lara, 2008)

Con los quebrantos sufridos por la red de molinería industrial de los franceses, cuando salía más barato traer al puerto de Ferrol las sacas de harina ya elaborada desde Santander, Bilbao y San Sebastián, las Aceñas del Ponto cayeron en el abandono, y Juan Lembeye murió en 1823, empeñado y con sus molinos hipotecados.

La propiedad pasó a manos de Juan Prevarte, y de éste a María Josefa Lembeye y a su marido Manuel José Ciaran. En 1860 los herederos de Ciaran vendieron los molinos a la sociedad formada por Nicolás Fernández y José Rodríguez, quienes aprovecharon la brillante recuperación de la molinería en la comarca habida a partir de 1849 por unas especiales regulaciones municipales y por la favorable coyuntura del aumento de la demanda de cereal tanto en Europa –en razón de la Guerra de Crimea (1854-55)– como en la comarca trasanquesa por un nuevo apogeo de la construcción naval ferrolana durante el estable y próspero quinquenio de gobierno (1858-1863) de la Unión Liberal fundada y dirigida por Leopoldo O’Donnell.

Sin embargo, con el paso de los años y pese a sus intentos de adaptación a los nuevos tiempos y su tenaz resistencia a la desaparición, la evolución técnica y mercantil envejeció irremediablemente a estas instalaciones, que fueron finalmente cerrando sus puertas hacia finales de la década de 1960, incapaces ya de sobrevivir en una economía tendente al gigantismo y a la uniformidad, una economía que menosprecia el trabajo de dimensiones humanas, hecho con gusto y con orgullosa sabiduría artesana.

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El molino visto desde el puente de las compuertas (M. Lara, 2008)

Bibliografía:

Bas López, B., 1991, Muiños de marés e de vento en Galicia, Catalogación Arqueolóxica e Artística de Galicia do Museo de Pontevedra, Fundación Pedro Barrié de la Maza, A Coruña, España. ISBN 84-87819-13-3.

Llano Cabado, P. de, 1983, Arquitectura popular en Galicia: a casa mariñeira, a casa das agras, a casa do viño, as construccións adxetivas, Introdución xeográfica de Augusto Pérez Alberti, Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia, Santiago de Compostela. ISBN 84-85665-08-2.

Lorenzo Fernández, X., 1962, “Etnografía: cultura material. Os oficios: O pan”, Historia de Galiza, Ramón Otero Pedrayo (dir.), Editorial Nós, Buenos Aires. Vol. II, p. 671-681. ISBN 84-9745-054-X.

Lorenzo Fernández, X., 1983, Os oficios, Biblioteca Básica da Cultura Galega, Editorial Galaxia, Vigo. p. 301-305. ISBN 84-7154-425-3.

Montero Aróstegui, J., 1858, Historia y descripción de la villa y departamento del Ferrol, reedición de 1972 con el título de “Historia de El Ferrol del Caudillo”, Gersán, Ferrol, p. 407.

Pena Graña, A., 2007, Industriais e Reais Fábricas de Narón en Tempos da Ilustración, Epílogo de José María Cardesín Díaz, Concello de Narón, Equona Deseño Editorial, Narón, Coruña. ISBN 978-84-920185-81.

Urgorri Casado, F., 1986, “Los molinos de Bermúdez en Puente Lambre y la molinería en Ferrol y Betanzos en los siglos XVIII y XIX”, Untia. Boletín do Seminario de Estudios Mariñáns, vol. II, pp. 153-183, Betanzos.

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Las Aceñas del Ponto en pleamar (1963)

9 Respostas a “”

  1. Fuco de Esteiro di:

    É unha mágoa vermos como a incuria vai deixando que se destraguen as nosas lembranzas, o noso patrimonio, a nosa historia…

  2. iacubs di:

    Excelente trabajo de referencias históricas.
    Una inestimable ayuda.

  3. angeles di:

    Enhorabuena por el trabajo. e parece excelente
    Al leerlo me pareció recordar que hace tiempo se defendió una tesis doctoral que trataba, entre otros, de este molino de las Aceñas. Se trata de un tema que me interesa especialmente y me gustaría saber sí es posible tener acceso a esa tesis.
    Un saludo y le reitero mi enhorabuena

  4. angeles di:

    Gracias por el trabajo, es excelente
    Al leerlo me pareció recordar que hace tiempo se defendió una tesis doctoral que trataba, entre otros, de este molino de las Aceñas. Se trata de un tema que me interesa especialmente y me gustaría saber sí es posible tener acceso a esa tesis.
    Un saludo y le reitero mi enhorabuena

  5. Tajamar di:

    Se agradece este trabajo. Estamos trabajando sobre estos temas. Nos gustaria entrar en contacto con alguien que haya estudiado también las salinas de Vilaboa.
    Saludos

    Luis Azurmendi

  6. Antonio di:

    Tengo entendido que, al acabar la Segunda Guerra Mundial, estuvo habitado por un ciudadano alemán. Herbert, quizà?
    Me gustaría ampliar esta información.
    Gracias.

  7. admin di:

    Nos anos finais da década de 1950 vivía alí un home que intentara unha esperiencia daquela novidosa: a cría de galiñas para a comercialización dos ovos e da carne. Chamáboslle “o alemán”. Tentarei conseguir máis datos. Manuel Lara

  8. Herbert di:

    Hola,
    soy un hijo del que llamais “el alemán”. Mi padre fué digamos el último molinero y túvo en el recinto una granja de gallinas hasta el 1963.
    Herbert Reimann

  9. Carmen di:

    Hola, quiero felicitaros por tan excelente trabajo. La verdad es que el molino se lo merece, lástima que de seguir así lo perderemos pronto.
    Yo he nacido y vivido toda mi vida casi a su lado, no tengo edad para recordar al “alemán” pero en casa me hablaron de él, de hecho, Herbert, mi padre me comentó alguna vez que tenía un hijo que se llamaba Herbert o algo así, dice que eras un chico muy agradable y que cree haberte llevado alguna vez a navegar.