Fachada principal

Fachada principal (M. Lara, 2008)

Corría el año de 1934 cuando el ferrolano Alberto Fernández Martín, un representante de material de escritorio que había observado los notables beneficios que generaba la venta de lápices y plumillas, decide crear una fábrica de lápices. Y en el mes de agosto, asociado con Benito Alvariño Grimaldos, Eusebio Pérez del Hierro, Esteban Ramil Fernández, Luis de la Muela Fernández, y Antonio Veiga López, también comerciantes y vecinos de Ferrol, y José de Andrés Vázquez, maquinista retirado y vecino de Santa Eulalia de Moeche, constituye la empresa “Hispania Fábrica de Lápices Sociedad Limitada”, que se estableció en dos pabellones del ferrolano muelle de Concepción Arenal.

Imagen publicitaria de la primera fábrica (hacia 1950)

Imagen publicitaria de la primera fábrica (hacia 1950)

En noviembre de 1934 se inauguraba la fábrica de lápices “Hispania, S.L.”, que bajo la gerencia de Alberto Fernández y con el técnico alemán Johann Sindel como jefe de taller, llegó a producir en poco tiempo hasta 36.000 lápices al día.

Ante la buena marcha del negocio y necesitados de más espacio, en 1938, en plena guerra civil, los socios de Hispania presentaban en el ayuntamiento de Ferrol el proyecto de edificación de una nueva fábrica de lápices, firmado por el arquitecto Nemesio López Rodríguez. El proyecto se planteaba tras el Baluarte de San Juan, en lo alto de Ferrol Viejo, en una finca de la calle de Baterías adquirida a la familia Togores, finca en la que todavía existía un viejo pabellón que había servido de almacén de vinos, maderas y otras mercaderías bajo la razón “Viuda de Antonio Togores”.

Plano del emplazamiento, 1940 (Archivo Municipal de Ferrol)

Plano del emplazamiento, 1940 (Archivo Municipal de Ferrol)

El arquitecto propuso para el edificio un sencillo diseño, con la tipología típica del racionalismo industrial, aunque incorporaba algunos elementos que recordaban al Art Decó con detalles expresionistas propios de la década de 1930; quizá por ello se atribuyese a veces el proyecto al vigués Rodolfo Ucha Piñeiro, arquitecto municipal de Ferrol hasta 1936, aunque hubo también quien se lo atribuyó a Vicente García Lastra.

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La fábrica de lápices en 1940

En 1940 las viejas instalaciones del muelle de Concepción Arenal se trasladaban al nuevo emplazamiento de la calle de Baterías y la nueva fábrica se convertía en la primera de España, con una producción diaria de unas 180.000 unidades de lápices Johann Sindel, y un total anual del orden de cincuenta millones de lápices.

La nueva fábrica (ca. 1940)

La nueva fábrica de lápices (ca. 1940)

Además de los exitosos lápices Johann Sindel y de las plumillas de acero, se elaboraban también lápices de carpintero, lápices de colores, lápices dermatológicos, bolígrafos, rotuladores, ceras de colores, barras de grafito para marcar, botones, peines de caucho… y ¡armónicas! Tal crecimiento obligó a ganar espacio, por lo que en 1951 se trasladaba la sección de carpintería a un local de la cercana calle de Espartero.

La fábrica de lápices Hispania alcanzó su apogeo a finales de la década de 1950 y principios de la de 1960, cuando llegó a contar con más de cuatrocientos empleados –en su mayoría mujeres– y fabricaba una amplia gama de productos de escritorio.

Tras las serias advertencias sobre la insostenibilidad de la situación económica española contenidas en el informe elaborado por la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE), el gobierno de España aprobaba el 6 de marzo de 1959 el Plan Nacional de Estabilización Económica, que suponía la ruptura con la política de autarquía hasta entonces promovida por el franquismo y hacía así posible el despegue de la economía española.

Las medidas liberalizadores que complementaban la política de austeridad supusieron para numerosas industrias el principio del fin. La internacionalización de los mercados evidenció la falta de competitividad de muchas industrias españolas, necesitadas de fuertes inversiones para llevar a cabo una total renovación tecnológica de sus instalaciones fabriles. La consiguiente pérdida de mercado fue acelerada no pocas veces por importaciones de productos competidores subvencionadas por el gobierno, productos que desplazaban a los existentes y se adueñaban prontamente de los mercados nacionales. En este caso fueron los lápices y otro material de escritorio procedente de China, Taiwan y Checoslovaquia quienes ahogaron a la fábrica de lápices ferrolana.

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Portal para la entrada y la salida de las mercancías (M. Lara, 2008)

Las escasas perspectivas de recuperación de los mercados perdidos hicieron desistir a los socios de Hispania de las fuertes inversiones que se necesitaban y, tras llegar a un acuerdo con los trabajadores en el año 1966, optaron por sostener la fábrica en condiciones de explotación hasta la jubilación de la plantilla, prevista entonces para 1981, quince años más tarde.

Todavía resistió la empresa cinco años más tras vencer el límite inicialmente previsto. Finalmente, el 30 de octubre de 1986 la junta extraordinaria de la sociedad acordaba su disolución y liquidación.

Vendida la fábrica y abandonadas a su suerte sus instalaciones, se promueve en su solar la construcción de un grupo de viviendas, frente a una oposición que preferiría su conservación y conversión a nuevos usos públicos que revertiesen en beneficio de la comunidad.

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Se inicia el abandono... (Manuel Vilariño, 1992)

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...y llega la ruina (Enrique Fidel, 2008)

Bibliografía:

Alonso Álvarez, L., Lindoso Tato, E., y Vilar Rodríguez, M., 2008, Construyendo empresas: la trayectoria de los emprendedores coruñeses en perspectiva histórica, 1717-2006, 2 vol., Confederación de Empresarios de La Coruña (CEC), Vigo, p. 242-259. D.L. VG-1476-2008.

Carmona Badía, J., y Nadal Oller, J., 2005, El empeño industrial de Galicia. 250 años de historia, 1750-2000, Fundación Pedro Barrié de la Maza, Coruña. ISBN 84-95892-38-3.

Ferrol Vello (II): la “Fábrica de Lápices Hispania”, publicado en Urban Idade, memorias de las redes urbanas, blog de Enrique Fidel, 19 de julio del 2008 [en línea]. Disponible en Internet: http://urbancidades.wordpress.com/2008/07/19/ferrol-vello-ii-la-fabrica-de-lapices-hispania/ [Último acceso 24 de agosto del 2009].

Llorca Freire, G., 2008, Ferrol: memoria da vida cotiá, Ediciones de la Librería del Campus, Ferrol. ISBN 84-921363-5-9.

La Voz de Galicia, 2005, “La vetusta y abandonada fábrica de lápices, en la parcela Hispania, será historia a finales de año…”, La Voz de Galicia, ed. Ferrol, 28 de mayo.

La Voz de Galicia, 2007, “El Ayuntamiento ha paralizado cualquier intervención urbanística en la antigua fábrica de lápices Hispania…”, La Voz de Galicia, ed. Ferrol, 26 de agosto.

La Voz de Galicia, 2009, “Son todos los que están, pero no están todos los que son…”, La Voz de Galicia, 31 de marzo.

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La marca de fábrica en la protección de las escaleras (GalicianDreamer, 2008)

Unha Respo a “”

  1. Carlos Juliá di:

    ¡Hola!
    No puedo evitar que estas historias me emocionen y me provoquen rabia.
    Hace algunos años fui, como tantas veces, a mi papelería-librería ‘de cabecera’ (más de 40 años) y me llevé la desagradable sorpresa de que la iban a cerrar -el local había sido adquirido por un banco- y estaban liquidando todo el material.
    Vaciaban el almacén y toda la historia de cientos de estudiantes se acumulaba en las estanterías: cuadernos, libretas, viejos libros sin estrenar, gomas de borrar, sacapuntas y, bueno, ya puedes imaginar que más…
    Entre otros objetos compré un precioso estuche de lápices (que conservo intacto) del modelo “777 Superior Copiativo Duro Mercantil Johann Sindel Serie Oro Hispania” y varios marcadores “rojo-azul” de carpintero. Los guardo como un tesoro, un recuerdo a la larga colección de cuadernos emborronados…
    Lamento ver el estado en que se encuentra la fábrica.
    Celebro saber que empleados y empresa terminaron bien.
    Me entristece que sucesivas administraciones no hayan sido capaces de ayudar a mantener la empresa primero o siquiera sostener el edificio y darle una utilidad digna.
    Como contaba tampoco el banco hizo nada salvo cambiar la fachada original por otra de esas insulsas y marcharse poco después de dos años para dejar un local vacío, sucio y lleno de pintadas.
    Deberíamos pensar mejor a quién dejamos tomar las decisiones. Los peatones tenemos mejor gusto y más claros sentimientos.
    ¡Hasta otra!